Por
aquellas épocas en las que tenía por fin una estabilidad con el karma y podía disfrutar
de mi persona, como un ser normal liberado de dualidades y más aun de
cuestiones metafísicas, me encontraba esperando a una dama… si llamémosla así
una dama. Hasta la fecha no he podido determinar que me llevó a ese momento y a
ese lugar tan específico. Bueno era una época muy oscura querido lector, para
que he de mentirle. Pudiera ser que hubiera solucionado algunos problemas, pero
no quiere decir que los problemas me hayan solucionado a mí.
Mi
dieta que consistía en algún producto bien denominado comida rápida, alguna
bebida negra sea café- coca cola- pepsi y unos cuantos cigarrillos de postre.
Así que me encontraba en un cafetín-bar como podría serlo cualquier otro, bueno no
tanto… este tenía terraza para fumadores. El caso, me encontraba ahí sentado con
un ejemplar de la revista squire y un periódico gratuito el cual solo acepté
para solucionar el sudoku (y pintarle uno que otro bigote a los famosos) junto
a la misma espera tenía un pocillo de tinto medio vacío con una botella de coca
cola que solamente había comprado unas horas antes para cambiar un billete
grande. Ya que por aquellas épocas fumaba como fabrica industrial, admitiré que
tenía una caja semi nueva de Lucky strike que de suerte había conseguido en una
tienda de barrio a un precio no tan excesivo, lo cual en aquel momento me hacía
sentir suertudo.
La
revista squire que tenía en mi poder tenía en la portada a un actor que
prefiero no hacer referencia, pero que gracias a él y un interesante cabezote
de entrevista por su último trabajo galardonado fue que me motive a gastarme
una parte moderada de dinero en ese tomo. El caso ya había leído lo que quería
y me dedicaba a solucionar el sudoku con desgano mientras turnaba garabatear en
las márgenes del mismo periódico.
Para
ese momento ya había pasado media hora. Es decir la dama no había llegado ni se
había reportado. Solo me limité a enviarle un mensaje de texto preguntado por
su paradero dado que ella no merecía gastarle un minuto (Para esa época ambos
servicios de celular costaban similar, solo que prefería no hablar con ella por
teléfono, cuestión de moral) de haber sido otro momento me hubiera ido de ahí a
los diez minutos; en ese caso en partículas estaba más era por la orden del aburrimiento
que por el placer mismo de la compañía, sabía bien que para ser viernes me había
quedado atrás en organizar algún buen plan, no tenía otra opción era esa cita o
una tarde llena de no hacer nada junto a alguna novela barata de las 5 de la
tarde.
El
sudoku me tenía de buena manera entretenido, fuera del alcance de las
recriminaciones internas. Además que si me dedicaba a otra cosa terminaría en
el orden de lo cómicamente mamerto. Es decir para que debería estar en constante
pensamiento de la poca cultura ciudadana de dos señoras ya entradas en edad,
que estando en un establecimiento donde pudiendo botar sus desperdicios en dos
canecas diferentes, ubicadas estratégicamente cerca de ellas, prefieran irse
dejando un ambiente descuidado y sucio, dejándole todo al chico de turno que si
bien no para de servir cafés a gente que si acaso da las gracias por el
servicio prestado… ¿Ven a lo que me refiero? Era mejor estar distraído. Miro mi
celular para ver la hora y al mismo tiempo ver si había respuesta de la dama.
Me sorprendí que solo hubieran pasado cinco minutos extra. La verdad en ese
momento solo quedaba espacio para la resignación.
Trataba
de recordar porqué empecé a fumar, la edad en que empecé y porque hasta la
fecha seguía haciéndolo. A lo que solo pude hallar la respuesta en forma de
pregunta de: ¿Acaso importa? Mi mente damas y caballeros, saboteándome desde
1991. Mi materia gris se encargaba de darme las peores ideas en los momentos
más inoportunos. Ya había alcanzado la medida de los 10 cigarrillos y el último
sorbo de café estaba frío, tanto así que lo amargo del tinto se intensificaba…
y no, no era nada placentero. ¿Por qué me había quedado de encontrar con esta
chica? Sacó mi mente a relucir con la pregunta. Lamentablemente no me acordaba
por qué. Pero de alguna forma si me acorde de la teoría loca de los pandas que
a una amiga le habían enseñado en una clase.
A
los cuarenta minutos de espera solo me provocaba tomar alguna bebida alcohólica, negra, de la misma forma
para no romper mi dieta, que al parecer se había convertido en lo más sagrado
de mi vida, sabiendo conscientemente que era la peor dieta del mundo. El chico
que se demoró un tiempo algo prolongado para la medida de respuesta en un café, pregunté si tenían Club Colombia negra. A
lo que sólo me respondió – No señor, acá solo manejamos cerveza de la casa-
Notaba que tenía el guion muy bien aprendido y yo sabía de alguna manera poco
importante que esa cerveza tan solo en presentación personal costaba unos diez
mil pesos, a lo que me resigné y pedí otro café.
A
los cincuenta minutos pensaba que estrenos habían para ese día en el cine.
DiCaprio tenía buenas interpretaciones últimamente y un colega que vivía cerca
a mi me debía algo de dinero, no me acuerdo de la cantidad pero sabía que era
lo suficiente para ir a cine. Lo lamentable es que no quería ir solo a cine, y
más aun no quería ir acompañado por otra persona que no fuese mujer. A lo que
me planteé mis opciones. La dama del día había hecho méritos para quedar
descartada, pensé en Carmen la chica publicista que había conocido una semana atrás
que estando medio ebria me dejó su número telefónico en la memoria de mi
celular…. Y ya, esa era mi única opción. Pues de alguna forma me había enterado
que mi círculo social tenía planes. Me acordé, ese era día de san valentin por
lo que como nueva costumbre norteamericana, decidieron copiar mis amigos con
pareja sentimental, que en ese momento de la vida eran todos.
A
la hora de espera, sentía y sabia bien que el chico de los café’s me estaba
echando del local por no haber consumido nada más que un tinto, y de paso haber
tomado una bebida no adquirida en el local. Hasta yo sabía que tenía que irme,
pero creo que solo quería molestar a ese sujeto. Pequeño bastardo ya entendía porque
la gente era desconsiderada. Me había hecho un recuento de los daños del día
hasta el momento. Tenía una caja de Lucky strike medio vacía, un periódico gratuito
que terminará siendo materia prima para recoger las gracias de mi perro, una
revista que terminará guardada en un cajón hasta el día que un hipotético hijo
o hija mía la encuentre para hacer alguna tarea que incluya recortes, como
cinco minutos antes me había surgido un dolor de cabeza que me hacia palpitar
las sienes, un cenicero y un pocillo de tinto llenos de cenizas, un aproximado
de diez mil pesos en el bolsillo (sin contar que tenía que pagar el tinto y el
transporte de regreso…. Y no, no estaba tan vaciado, tenía más en el banco pero
¿creen que tenía ganas de sacar dinero después de haber esperado una hora a una
dama ya que no tenía mejor plan para un día de san valentin?)
Había
perdido el horizonte y una hora de mi vida, en mi cabeza solo tenía la frase “En
los tiempos de los chimpancés yo era un mono” dado que la evolución al parecer
se había retrasado en mi y había dejado a mi sentido de la decencia por el
suelo. Pensaba en el estúpido karma, dado que en casos como esos es mejor no
ser uno el culpable. Y si, pagué me fui y canté en mi mente la frase de “Pronto
llegará el día de mi suerte” pero no con ritmo de salsa, si no algo más por el
estilo de un rock alternativo al estilo de Beck.
Luego
de un tiempo me volví a hablar con la dama, debo aclarar que ella inició la conversación
a través de un chat. Se disculpó y me dijo los motivos para no haberse
comunicado conmigo, lo cual ya no me importaba, solo tenía ganas de responderle
a todo con un “Ajá” combinado con un emoticón de una cara feliz. Pasando a
otros temas me dijo que tenía un nuevo gato y le puso de nombre “Alí” que al
mes siguiente iba ir al concierto de esta banda Bogotana que estaba ingresando
al top ten de los más visitados de youtube de la semana, que tenía un nuevo
novio y que debería conocerlo; lastimosamente que no tomaba así que debía
encontrar un plan más sano. La verdad al percatarme de lo mucho que no me convencía
esta dama para hablar fue lo que me hizo de manera irónica darle gracias al
karma de que jamás se hubiera aparecido ese día. Tarde que temprano a todos se
nos cansa la cara de hipócrita que tenemos bien entrenada y no podemos
mantenerla como para toda una cita. Es más ¿Qué pensaba yo? Que ni para un
polvo la quería. Debía de estar un poco desesperado en ese momento. Como lo
dije antes, eran épocas oscuras. De esas que uno solo guarda algunas secuelas.
Pasados
los meses deje de fumar, me empecé a alimentar más sano y le bajé el consumo a
las bebidas negras… aunque aumenté el consumo del alcohol, pero no es que sea
muy relevante. No volví a hablar con la dama y después de eso empecé a tener la
costumbre de llegar media hora tarde a todas las citas con mujeres.
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