Esperé mucho tiempo para no volver, siguiendo una senda que
creo correcta. Veo la intangible resistencia de mi alma al más allá, a lo desconocido,
a lo incontrolable, a algo que es inevitable.
Entonces contra el viento y la marea me embarco en este
juego de destellos, recuperando tesoros que alguna vez escondí, liberando la
verdadera esencia de mi alma la cual ya creí muerta; siendo que alguna vez me
dedique a asesinar mis realidades por los giros amargos que me dio la vida.
Es tonto verse cayendo y no levantarse, escondiendo en aguas
destiladas todas las penas y pesares y convertirse en un monstruo del cual uno
prometió nunca ser. Es la realidad a la que me afrontó ¿En qué clase de ser me
he convertido?
Si en un momento de reflexión miro hacia atrás encuentro
muchas cosas que pasaron y no dijeron adiós. Siento el tacto de los que se
fueron y se desvanecieron detrás de una cortina de humo, a lo que siempre habrá
la respuesta de que muchos de estos encuentros de hoy en día se irán
desvaneciendo como una colilla de cigarrillo.
Mi pluma ahora está empolvada, desecha y marchita. La falta
de trazos la han dejado así. El kilometraje siguió su curso sin que las
historias fueran reveladas; solo queda ahora un hombre más viejo frente al
espejo pidiéndole al cielo que no fuese demasiado tarde para volver a coger el
camino olvidado.
Otra vez me declaro en el juego, mis actos son testigos que
hablo enserio. Levanto anclas y contra viento y marea, haré que mi pluma nunca
se quede seca. Gracias a la sirena que me hizo prohibirme el tesoro de la
pluma, ahora que lo he superado veo un metal más fuerte en el mango.