Hay
quienes dicen que las oportunidades de oro solo se presentan una vez en la vida
y trataré de ser de lo más optimista en todo este asunto. Pues… ¿cómo estar
seguro que todo lo que alguna vez pasó, lo único, volverá a ocurrir?
Algunos
dicen que lo de uno siempre llega a su justo momento, otros que las
oportunidades de oro una vez dejadas ir, se pierden y solo queda esa sensación
del “¿Qué hubiera pasado si?”
La
verdad es que me he encontrado en esos predicamentos, hallando la manera
literaria más verosímil de salirme con la mía, de hallar el balance perfecto,
en una vida perfecta que sé que jamás existirá. No puedo ser muy objetivo
respecto a esto ya que tratando de olvidar un pasado lleno de detalles que al parecer
no sirven, me niego a pensar en un futuro de posibilidades sean las que sean.
Simplemente el presente con su insípido pasar de los segundos se vuelve el pan
diario.
¿Cuántas
oportunidades he perdido hasta el momento? La verdad es que esa respuesta se
escapa de toda compresión posible. He conocido bien el arrepentimiento por una
vida que aunque fuese buena, no es la que a veces hubiese querido. Y no es que
sea desagradecido, solo que el sentimiento de grandeza o tal vez maleza se
alborota cuando es menos debido.
Tal
vez en algún universo ya me encuentre muerto por aquel Renault azul que pasó a
gran velocidad un miércoles, el cual no hubiera frenado si yo hubiese cruzado
la calle. En otro universo quizás me encuentre estudiando veterinaria o ya me
hubiese graduado si mi abuela no hubiera tenido aquella cirugía de cadera, la
cual por infortunio me contaron el procedimiento y me asqueé, aquel viernes por
la tarde en un mal sitio para bailar decidí por puro desahogo darle una
bocanada a un cigarrillo, el cual solo sería el primero de muchos y al día de
hoy se ha vuelto una batalla por dejarlo, aquellas perdidas de la moral en lo
que respecta al estudio creyendo que uno se condena para no hacer lo que la
pasión dicta, o por poner algo mucho más común, ese momento donde el silencio
debe ser cambiado por una palabra arriesgada para decirle a aquella persona lo
que alguna vez te arrepentirías de no hacerlo...en fin. Son cientos las
posibilidades que alguna vez rondaron por mi cabeza de algún camino alterno del
cual se hubiese podido tomar, de cientos de universos que murieron al momento
de hacer lo contrario. No habrá vuelta atrás para aquellos silencios mal
tomados, ni para esas oportunidades de decirle adiós a un amigo. No habrá la
oportunidad de recobrar esos minutos de tinto tirados a la pena de un
acontecimiento que ya murió para fortuna de muchos.
Uno
se construye como persona y con cada día que pasa, conocemos las reglas del
juego a las cuales aceptamos jugar. Hay veces donde aquellas reglas terminan
siendo nuestra propia condena, obligándonos así a hacer trampa a nuestra propia
vida, porque incluso llegar a romper nuestra propia moral en un mundo como hoy
está permitido.
Todavía
cuento con detalles historias que parecen ser sacadas de la imaginación, y que
incluso se distorsionan con el paso de los días, haciendo más contextuales a
las personas que alguna vez participamos en esa experiencia. Siempre se será el
villano para dar el mensaje de lo que los niños no deben hacer. Volverse la
moraleja hace que uno se aleje de la propia verdad de la vida, que es de por si
vivirla. Y bueno…a este momento solo podría pecar en el aspecto de remorderme de
volverme la persona que jamás creí que me iba a convertir. Ese ideal de “camino
equivocado” que deseé tanto a los dieciséis. Pero se vive lo que uno ha
decidido vivir y se cargan con las consecuencias de los actos.
Son
muchas las posibilidades que pueden partir de un simple punto, de una simple
decisión. Y hacer la diferencia a veces no es tan complejo. Solo que, uno
conoce la vida que uno vive. Los silencios que nunca rompí me enseñaron a
encontrarle el verdadero valor de la palabra, no a todos se les puede dar una
palabra, ni siquiera de aliento porque puede ser una muy mala opción; de haber
pasado a la universidad que hubiese querido en el momento que lo deseé
inmediatamente, mínimo ya estaría estudiando otra cosa alejándome de lo que es
la pasión de la carrera, de no haber sido por ese cigarrillo no hubiera
terminado fumando muchos otros en el lugar que ahora es como una tercer hogar
para mi, en el cual se ha escrito parte fundamental de mi historia moderna,
donde amistades se han forjado y otras simplemente se han esfumado; o de no
haber sido por ese Renault azul que afortunadamente noté antes de cruzar, no
habría tenido la oportunidad de estar vivo y estar haciendo este tedioso/cursi/
pseudo reflexivo blog.
Si,
a este momento he perdido oportunidades de oro y me he arrepentido en su
momento, hoy incluso me arrepiento de todas esas decisiones que no tomo día
tras día. Aunque hay veces que incluso las mismas oportunidades o infortunios
se repiten de la misma manera pero con nombres distintos, es decisión propia en
volver a tomar las mismas decisiones o por fin cambiar la historia un poco, así
se sea un poco más viejo y “sabio”.
Nunca
podré recuperar el tiempo perdido y ahora ni quiero hacerlo, es demasiado
desgastante pensar en un pasado que nunca fue, te crea demonios y fantasmas, de
esos que solo los libros son capaces de comprender. No hay razón de extrañar
esas oportunidades y buscar la solución no objetiva. A menos que sea una de
esas que te cambian la vida radicalmente.
Como
alguna vez me dijo un librero (con respecto a los libros pero en este caso
aplica bastante bien) –Nunca hay que buscar con insistencia algo, pero si estar
atento para cuando llegue o aparezca- además de – Siempre queda es tener
paciencia, porque en la vida lo que sobran son las desilusiones- Así que, por esto mismo esta será la última
entrada en este blog. Ya que carga consigo momentos que es mejor no revivir,
donde es mejor seguir con otro tipo de experiencias… Es más, hay mejores historias
que contar en algún otro lado. Tal vez con otra perspectiva (una no depresiva)
y no tan autobiográfica.
Por
eso… simplemente a seguir adelante. Con otros universos que se puedan crear,
unos que sean nuevos, unos que simplemente no carguen con ese peso del pasado.
Y
ya, no se me ocurre un final conclusivo para este texto por eso lo terminaré de
esta…