viernes, 5 de abril de 2013

Desde las sombras.


Comienzo y todo parece sombrío y turbulento. Me cargo solo de un paquete de cigarrillos y el valor que me puede quedar en ese momento. Veo las sombras del pasado que me acecha y me retuerzo en todo lo que pasó y quería que pasara; simplemente me echaron en cara lo ciego que alguna vez fui. Trato que nada de eso me importe, no en ese momento tan crucial, no en el estado en el que me podría encontrar, como siempre dicen “podría ser peor” y enserio podría serlo.

Saco el primer cigarrillo de la noche, fumo sin ganas pero con un cierto aire de rencor. El camino está muy oscuro pero sé que es largo, como una serpiente. Inhalo y camino despacio, no sé si quiero estar ahí. El humo entra por mis pulmones se enredan en mi y oscurecen algo que antes estaba limpio, no me importa de momento. Así que paso tras paso y me adentro, creo escuchar los gritos de mi madre combinadas con sus suaves susurros antes de ir a la cama. Es una polifonía de la misma voz y es bastante confuso, junto al eco que resuena solo genera confusión. La ceniza se va acumulando al inicio del cigarro mientras el filtro se va oscureciendo. Escucho unos fuertes pasos que vienen a mi dirección, es alguien que viene corriendo. De las sombras sale un niño con luz propia y lo veo asustado, lo conozco, se parece a mí pero cuando todavía era un pequeño niño, mi imagen de esa edad casi se me había olvidado de no ser por las fotos que guardaba en el armario que me hacían la referencia de mi yo anterior, efectivamente soy yo de niño.

En su rostro ve la felicidad o más bien tranquilidad de ver a alguien más en ese camino, corre hacia mí. Tiro el cigarrillo a medio fumar al verme a mí yo pequeño parar frente a mí. Me abraza como si nunca hubiera visto a nadie en su vida, solo las voces que lo persiguen por su mente. Está llorando y me acurruco a abrazarlo. Acaricio su cabello en silencio mientras lo tengo entre mis brazos, no digo nada porque no vale la pena decir algo. Solo me quedo abrazándolo. Me mira con suave inocencia y no se da cuenta que del vínculo que tenemos los dos, para él solo soy una persona que se atravesó por su camino, tal vez la única persona que necesitaba ver.
-¿Quién eres?- logra preguntar secándose las lágrimas y viéndome, analizándome.
 – Soy un pariente lejano tuyo, me vi encerrado acá, pero me alegra encontrarte.- logro decir tratando de no revelar que yo soy su futuro. No merece saberlo aun.
Mi yo niño esboza una sonrisa, no sabe quien soy realmente, pero confía en mí, lo sé porque solía ser así. - ¿Por qué vienes corriendo y llorando?- pregunto yo.
              –Las voces, se escuchan como mi mami, pero me están haciendo daño, no sé donde está ella, tengo miedo- me responde mientras le vuelven a escurrir las lagrimas.
Le limpio dos nuevas lágrimas que le salen por cada uno de sus ojos con mi camisa mientras digo.
-No te preocupes, vamos a buscarla, no debe andar lejos-
Me levanto y le doy mi mano, me la coge y aprieta muy fuerte, realmente está asustado. No le digo nada, empezamos solo escuchando los gritos de mi madre como sonido de fondo. Cada vez no vamos adentrando más en las sombras.