Comienzo y todo parece sombrío y turbulento. Me cargo
solo de un paquete de cigarrillos y el valor que me puede quedar en ese momento.
Veo las sombras del pasado que me acecha y me retuerzo en todo lo que pasó y
quería que pasara; simplemente me echaron en cara lo ciego que alguna vez fui.
Trato que nada de eso me importe, no en ese momento tan crucial, no en el estado
en el que me podría encontrar, como siempre dicen “podría ser peor” y enserio podría
serlo.
Saco el primer cigarrillo de la noche, fumo sin ganas
pero con un cierto aire de rencor. El camino está muy oscuro pero sé que es
largo, como una serpiente. Inhalo y camino despacio, no sé si quiero estar ahí.
El humo entra por mis pulmones se enredan en mi y oscurecen algo que antes
estaba limpio, no me importa de momento. Así que paso tras paso y me adentro,
creo escuchar los gritos de mi madre combinadas con sus suaves susurros antes
de ir a la cama. Es una polifonía de la misma voz y es bastante confuso, junto
al eco que resuena solo genera confusión. La ceniza se va acumulando al inicio
del cigarro mientras el filtro se va oscureciendo. Escucho unos fuertes pasos
que vienen a mi dirección, es alguien que viene corriendo. De las sombras sale
un niño con luz propia y lo veo asustado, lo conozco, se parece a mí pero
cuando todavía era un pequeño niño, mi imagen de esa edad casi se me había olvidado
de no ser por las fotos que guardaba en el armario que me hacían la referencia
de mi yo anterior, efectivamente soy yo de niño.
En su rostro ve la felicidad o más bien tranquilidad de
ver a alguien más en ese camino, corre hacia mí. Tiro el cigarrillo a medio
fumar al verme a mí yo pequeño parar frente a mí. Me abraza como si nunca
hubiera visto a nadie en su vida, solo las voces que lo persiguen por su mente.
Está llorando y me acurruco a abrazarlo. Acaricio su cabello en silencio mientras
lo tengo entre mis brazos, no digo nada porque no vale la pena decir algo. Solo
me quedo abrazándolo. Me mira con suave inocencia y no se da cuenta que del vínculo
que tenemos los dos, para él solo soy una persona que se atravesó por su
camino, tal vez la única persona que necesitaba ver.
-¿Quién eres?- logra preguntar
secándose las lágrimas y viéndome, analizándome.
– Soy un pariente lejano tuyo, me vi encerrado
acá, pero me alegra encontrarte.- logro decir tratando de no revelar que yo soy
su futuro. No merece saberlo aun.
Mi yo niño esboza una sonrisa, no sabe quien soy
realmente, pero confía en mí, lo sé porque solía ser así. - ¿Por qué vienes
corriendo y llorando?- pregunto yo.
–Las
voces, se escuchan como mi mami, pero me están haciendo daño, no sé donde está
ella, tengo miedo- me responde mientras le vuelven a escurrir las lagrimas.
Le limpio dos nuevas lágrimas que le salen por cada uno
de sus ojos con mi camisa mientras digo.
-No te preocupes, vamos a
buscarla, no debe andar lejos-
Me levanto y le doy mi mano, me la coge y aprieta muy fuerte,
realmente está asustado. No le digo nada, empezamos solo escuchando los gritos
de mi madre como sonido de fondo. Cada vez no vamos adentrando más en las
sombras.