Me
encuentro de mal genio y desolado. Ahogo mis penas en los que me entienden.
Ahora
afronto las penas alejándome de los vicios más sanos y puros para estancarme en
algunos otros, me escudo en la tinta y el papel dejándome llevar por la marea
de lo desconocido.
Entonces
ahora que tengo el camino a oscuras una vez más frente a mí monologando sobre
la vida que tal vez tuve o quise creer que tuve… obviamente. Porque llega un
punto en el que todo se vuelve tan relativo y dan difuso que no se sabe si
nuestra vida pasada solo se convirtió en un recuerdo o en un sueño, tal vez en
una fusión de ambas. La mente como juega sus jocosos trucos.
El
camino seguía irradiando su luz tenue, propia y opaca. Solo se veía con cada
paso nuevo que se daba hacia adelante. El pequeño chico y yo avanzábamos bajo
las sombras desconociendo porque dábamos nuevos pasos. Solo digo esto porque lo
siento así, debido a que él y yo somos la misma persona supongo que compartimos
los mismos pensamientos. Aunque tal vez mi pequeño yo, mi pasado es una persona
que deje de ser hace mucho tiempo que por lo tanto somos dos desconocidos.
Afortunadamente
sus sollozos habían cedido a una curiosidad infantil por saber y descubrir el
entorno. La voz con eco de mi madre se había extinguido, dando solo a escuchar
mis propios pensamientos y mi pesada respiración. A veces solo con mis
pensamientos eran suficientes como para atormentarme como los gritos de mi
madre a la distancia.
Las
sombras se encontraban en aparente calma, el motivo suficiente como para sacar
mi segundo cigarrillo, oler su suave toque a tabaco y continuar con mi mala
aprendida costumbre por los años. Suponía que al chico no le iba a molestar y a
mí me iba a tranquilizar de todo lo que por mi mente pasaba, solo siete minutos
de total encuentro conmigo mismo. La duda por saber donde estaba ocupaba gran
parte de mi oratoria mental, preguntas como ¿Dónde estaba? O ¿Como había llegado
a aquel lugar? Abrían grandes brechas
que solo se podían no responder con tabaco. Lo peor es que a cada intento de
responderlas, terminaba siendo solo un ejercicio inútil; porqué sentía las
respuestas en la punta de mi lengua pero daba a lugar un insoportable dolor de
cabeza, por lo que aspiraba el humo más rápido. Ver las figuras abstractas del
humo bailando en el aire hacían una efímera sinfonía, que me hacían recordar
que mi vicio solo duraría 18 cigarrillos más, por lo que debía tranquilizar a
mi sistema. Era una condena con número en cuenta regresiva. Y no sabía hasta
cuando pudiera conseguir más. Por lo que esos 18 cuerpos y el chico que andaba
corriendo a mí alrededor eran mi única compañía.
Avanzábamos
sin rumbo alguno y cuando el silencio fue lo suficientemente incomodo, el chico
se me acercó y me preguntó -¿Por qué fumas?- su sana curiosidad me causaba cierta
incomodidad ante tal pregunta, claro, es un cuestionamiento de mi mismo, mi
parte humana y pequeña. Le respondí tratando de aparentar tranquilidad – fumo porque
trato de matar algo adentro mi-
-¿Qué tienes que matar? - volvió a preguntarme sin vacilar. De igual
forma le respondí
–No
lo entenderías, tal vez en un futuro si cuentas con la misma suerte que yo-
El
chico obviamente no entendió lo que le quise decir, es más no quería cargarlo
más de lo necesario, saber de más sobre el futuro puede volver loco a
cualquiera. El chico se limito a sonreírme, esa sonrisa de niño expresando algo
que no entiende pero no le importa. La habilidad de la curiosidad insana por
saber las cosas malas es una habilidad que se gana con la supuesta “Madurez”.
Quería
hablar con el chico, pero sabía bien lo que estaba pensando. Era preguntar por
cosas que ya sabía y ese pensamiento hacia que me retrajera en mi silencio, en mi cigarrillo, en mi
soledad.
Las
sombras seguían estancadas a nuestro alrededor. El panorama se hacía redundante
que provocaba sentarse y rendirse de una vez por todas, estar en un círculo sin
fin a veces es desalentador. El calor de la colilla me hizo caer en cuenta que
mi segundo compañero hecho de tabaco se había extinguido y debía dejarlo ir
como una basura. Un inerte cuerpo de algo que ya fue pero que jamás volverá a
ser. Eso me hizo pensar que no hay nada más parecido a la vida misma, un
cigarrillo que se enciende, tiene su límite y luego se extingue. Solo un
momento efímero. Solamente un cuerpo en su soledad que se consume, solamente un
cuerpo que se queda en el camino mientras otros siguen adelante.
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